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Él

La música de fondo era precisamente eso… de fondo. Me gustaría haberla determinado pues sería nuestra canción.

Apuraba mi cerveza sin pensar en nada en particular. Mis dedos jugaban dentro de la tacita llena de cáscaras de maní y mi otra mano acariciaba el cuello de la botella.

Bar a reventar, música estridente, vapores, humos y olores llenándote la mente.

Otra cerveza más y me da el ludismo… agarro el portavasos con el logo de alguna marca de licor y lo hago rodar hacia el otro lado de la barra. Gira tembloroso, y por arte de magia esquiva los otros objetos de la mesa. Pierde fuerza lentamente y cae, girando sobre sus bordes en un lugar indeterminado de la barra, muy bien definido en el destino. Veo un brazo salir de la fila de cuerpos entre mi portavasos y yo y unos dedos delicados, con uñas pintadas toman mi juguete. Una cabeza se asoma y miro por primera vez en la noche esos ojos oscuros… nos sonreímos cómplices y tu impulsas el circulito de cartón en mi dirección, con tan mala suerte que golpea una botella y queda a la mitad del camino. Dejo de verte y desvío mi mirada hacia un adorno chino que hay en la pared y desde hace rato me tiene subyugado por sus formas. En segundos el juego queda en el olvido, pero tú siempre has sido más decidida que yo y de repente escucho a mis espaldas: -Mejor te lo devuelvo en persona- y ahí estás, erguida como un monumento, poca estatura pero impresionante presencia, con el portavasos en la mano y una sonrisa pícara que limpia mi cerebro de todas las brumas de aquel bar.

Ella

Vi como sus ojos se prendían a mi figura, me desnudaban con malicia y aún así lo hacían disimuladamente, calculó mis curvas en un segundo decidiendo, con una progresión geométrica que sólo los hombres conocen y que llevan en los genes, cuanta carne hay en cada uno de mis senos y en la curva de mi trasero. Me gustaba el juego, un bar, viernes en la noche, cacería, seducir y ser seducido... o al menos me gustaría más si él hubiese sido mi novio y no una continua tentación en mi camino.

Me arrimé a su lado en la barra colocando los codos sobre ella, dejé que mis nalgas se empinaran invitadoras, sabía que en ese momento me estaba mirando las piernas expuestas y que había recorrido la desnudez de mi espalda en esos segundos, me sentí observada así que me contoneé al ritmo de la música del lugar, mientras él terminaba de repasarme.

Conocía a André desde hacía tiempo ¡Dios! Hasta su nombre en mis labios sabía a lujuria y desde el momento en que mi novio Luis nos presentó sentí esa irremediable atracción hacia él, por aquel tiempo a veces pensé y sentí que era la misma atracción que sentía él pero sinceramente nunca me había planteado explorarla, es mas lo había evitado a él y a la aventura junto con el riesgo que representaba como si fuera la plaga y él también me había evitado a mi y por eso es que creía que no le era tan indiferente.

 

Luis es un buen tipo y estábamos planeando casarnos a final de ese año lo que es ya mucho decir porque últimamente el que no corre vuela y conseguir un tipo como Luis no sólo fue siempre mi sueño si no el de cualquier mujer, Luis tenía 31 años por aquel entonces y no era modelo de revista pero tenía lo suyo, criado entre las faldas de su mami es un chico sensible y delicado, inteligente lo que explica que con su poca edad estuviera bien posicionado como ingeniero en la empresa para la que trabaja; pero a las mujeres no hay quien nos entienda porque desde que conocí a André (compañero de trabajo de Luis) a duras penas me puedo contener para no saltar sobre él y es que el desgraciado tiene todo lo que una mujer NO sueña con tener pero por lo que como quiera languidecemos: alto, moreno, buen mozo, con pinta de macho, directo, del tipo de hombre que no se anda con delicadezas para decirte tus dos verdades en la cara y con fama de mujeriego empedernido ¿Qué mujer querría vivir ese calvario? Bueno, yo hubiera dado la mano derecha para estar una noche, caliente y dispuesta, en su cama. Mientras Luis es el hombre con el que las chicas buenas se casan, André es con el que fantaseamos todo el tiempo, el típico protagonista de las novelitas calenturientas con las que las chicas pasamos el rato, con un magnetismo sexual digno de un depredador.

-¿Te puedo invitar un trago?- preguntó él acercando su cuerpo al mío, no tan cerca que me pudiera alarmar pero suficiente para sentir el calor que emanaba de él.

-¿Por qué no?- respondí mirándolo a los ojos, lentamente dejé que mi mirada cayera sobre su boca y lo vi dibujar una sonrisa lenta, casi perezosa; en un juego tan peligroso como sin sentido solíamos coquetearnos las pocas veces que nos veíamos, para mi era algo que no podía resistir aunque después terminara titiritando de deseo contenido, sin embargo siempre pensé que el sólo representaba su papel de seductor, como lo haría con cualquiera que como yo soltara la baba por él- con la condición de que tu me aceptes uno a mi-concluí mirando como su sonrisa se ensanchaba.

-¿Sabes por dónde se desapareció Luis?- pregunté nerviosa, no quería estar a solas con él- ¿Adónde se fueron los otros?- él ladeó la cabeza en dirección a la pista y ahí los vimos, los chicos y las chicas bailando y me quedé anonadada al ver a Luis bailando con Norma, ella le susurraba algo al oído y el se reía inclinando su cuerpo contra él de ella, mientras tanto a mi el puñal de los celos me traspasaba y una voz en mi cabeza me susurraba "egoísta". A Norma y a mi nos presentó Luis hace algunos años, ella es una mujer brillante, algo calculadora y con un aire de fría indiferencia que algunos hombres vuelve locos, ella y yo nunca nos gustamos pero socializábamos porque frecuentábamos las mismas personas.

Cuando el camarero se acercó ordenamos los tragos que nos trajeron casi en el acto, al llevarnos los vasos a la boca nuestros ojos se encontraron, ninguno sabía bien que decir, como proceder o como dar el siguiente paso, estábamos solos y era lógico que compartiéramos, lo único en este mundo que ninguno de los dos quería, mis ojos se fueron hacia la pista de baile y observé a Norma contonear su trasero al ritmo de la canción pegada de Luis.

-¿Quieres bailar?- preguntó, sin duda malinterpretando que si estaba mirando hacia la pista de baile era porque quería bailar

-Me estaba preguntando cuando me ibas a sacar- disimulé, todavía suelo preguntarme si de haber sabido lo que ocurriría esa noche como quiera lo hubiera seguido a la pista, probablemente sí.

Ambos caminamos de la mano hacia la pista llena a reventar, la verdad es que con tanta gente lo de "bailar" era un pretexto porque no se podían ni mover los pies, me tomó por la cintura, ambas manos sosteniéndome con suavidad, las imaginé deslizándose por mi estómago y subiendo hasta mis... "¡Párala ya!" pensé rabiosa conmigo misma, él colocó una de sus piernas entre mis muslos de tal manera que el suyo rozara mi entrepierna, no quería ceder y me sentía tan tensa que parecía de palo pero de pronto me sentí cansada de luchar contra mis instintos así que sucumbí a la tentación y le dejé que me meciera contra él en medio de la multitud con la música, mis manos se movieron desde sus antebrazos acariciando su pecho hasta alcanzar su cuello, y sus dedos se habían deslizado un poco hasta alcanzar la frontera donde la espalda deja de serlo, me sentí aliviada por poder tener la excusa para tocarlo y aún así me sentí nerviosa porque mi novio estaba a escasos metros de donde yo me encontraba.

Pero era un juego caliente y quería, aunque no debía, seguirme moviendo contra él, incitándolo hasta sabrá Dios donde, no quería medir mis consecuencias en ese momento, no cuando el alcohol estaba obrando su magia y me sentía tan desinhibida, así que levanté la cabeza y busqué sus ojos, él miró los míos y no necesité decir nada porque no había nada que decir, su boca buscó la mía como un sediento buscaría el pozo de agua que ha salvarle la vida y la acarició con suavidad, lentamente hasta que profundizó el beso y nuestras lenguas se encontraron, gemí contra su boca y me seguí moviendo contra su muslo no ya al ritmo de la música si no al ritmo del deseo que su aliento había disparado en mí, una de sus manos me sostenían de la espalda pegándome más contra él, si es que ello era posible, y la otra se deslizó contra la tela de mezclilla de mi falda para acariciar mis nalgas.

Hubo una respuesta en mi cuerpo difícil de precisar, una electricidad en el aire que precipitaba su cercanía, una erección en mis senos que se frotaban contra él por designio propio, una tensión en mi bajo vientre que me obligaba a llevar aire a mis pulmones y como si fuera un volcán que hace erupción y cuya lava ardiente sale sinuosa por su cavidad arrasando con todo a su paso, sentí mí vagina reaccionar a su presencia humedeciéndose y pulsando por alivio a la tensión sexual que entre nosotros se había creado. Había una voz en mi cabeza que no reconocí como la mía diciéndome que era esa noche o no sería nunca.

Sentí su dureza contra mi bajo vientre, estaba tan excitado como yo pero no lo disimulaba, es más frotaba su pene contra mi de manera incitante, ambos habíamos perdido el juicio con Luis, su amigo y mi novio, en el otro extremo de la pista, el pensar en ello me hizo separarme de él alarmada y lo dejé ahí parado en la pista de baile, no me volví a mirarlo porque sabia que podría hacer algo bien ridículo, algo como mandar al cuerno mi estúpida decencia y pedirle que me hiciera suya en cualquier esquina porque si no seguro moriría, pero no lo hice, seguí caminando deprisa sin mirar atrás y es por ello que no me percaté de que me seguía y es por ello que jadeé sorprendida cuando, al salir por la puerta trasera para tomar aire, una mano me tomó del brazo empujándome contra un cuerpo compacto cuyas manos me estrujaron las nalgas y cuyos labios me besaron como si no fuera a haber un mañana.

Me estaba ahogando y quería ahogarme en ese pozo de deseo que él había llenado para mi, por demasiado tiempo lo había deseado mas allá de lo humanamente soportable, me estaba muriendo de deseo por él y si por ello habría de condenarme, al diablo con todo porque no había en esta tierra para mi un infierno más ansiado que la gloria que estaba viviendo entonces, sentí un exquisito dolor recorrerme los flancos, me sentí febril, al borde de estallar y no quería que acabara.

Pero una vida de condicionamiento no se borra de un plumazo por la deseable oportunidad de un polvo de un momento, cuando sentí una de sus manos acariciar la piel de mis senos debajo de la blusa y la otra abrirse paso por la frontera de mis muslos hacia mi intimidad me alejé de él mientras algo de cordura quedaba en mí, lo miré a los ojos anegados de lujuria y salí corriendo en dirección al interior de la discoteca para salvaguardarme de mis propias necesidades que pedían a gritos ser colmadas. Me pasé el resto de la noche girando mi atención completa hacia Luis y poniendo a raya a Norma, después de un tiempo se apareció André con una rubia despampanante colgada del brazo (una chica 10+ "hija de la gran puta") que se habría encontrado por ahí, puse todos mis esfuerzos por ni mirarlo mientras trataba de fingirme enamora de Luis besándolo e incitándolo a la menor oportunidad, a André no lo vi más hasta que harta de fingir le pedí a mi novio que nos fuéramos sólo para quererme morir cuando nos lo topamos en la salida con la rubia al lado con toda la cara de una puta que se relamía por comerse el caviar, bueno, entretenimiento no le faltaría eso era más que obvio.

 

No se lo que me pasó al ver a André con aquella mujer pero al salir para la casa Luis y yo apenas podíamos contenernos para no arrancarnos la ropa en la entrada del edificio, yo tenia las llaves del apartamento y, mientras trataba de abrir la puerta, Luis me metía mano debajo la falda.

-¡Quita!!- le dije alarmada girándome hacia él - mira que nos pueden oír, pero él de lo último que esta pendiente era a si despertábamos a los vecinos, me subió la falda hasta la cintura y metió una mano por mis bragas mientras me besaba en el cuello.

-¿Qué haces?- susurré sintiendo como la excitación se habría paso en mis venas- Déjame- un hombre sabe muy bien cuando una mujer dice eso en serio y cuando lo dice por decir y Luis no era el de menos, se arrodilló a mis pies e hizo a un lado mis bragas mientras deslizaba su lengua entre los pliegues de mi vagina, suspire extasiada tratando de no hacer ruido, me chupó el clítoris como sabia que me gustaba y me introdujo un dedo en la humedecida cueva mientas mi cuerpo por instinto se movía contra el, balanceaba las nalgas adelante y hacia atrás mientras no podía contener los gemidos que escapaban por mi garganta sin ningún control, mi orgasmo fue ruidoso e impulsivo y mientras alcanzaba la última cresta de un placer agudo y presionaba la cabeza de Luis contra mi para que siguiera libando, la sensación de un segundo orgasmo que se avecinaba sorprendiéndome se vio de repente cortado cuando escuche a una voz replicar:

-¿Quién anda ahí?- reconocí la voz de nuestro entrometido vecino el señor Mejía y escuché sus pasos bajar las escaleras, hice el intento de abrir la puerta para escaparme y evitar un momento por demás embarazoso cuando Luis me sostuvo fuertemente contra la pared amasándome los senos.

-¿Te imaginas que el señor Mejía te encuentre así? ¿qué se excite mirando como le meto mano a mí novia en las escaleras?

-¡Responda!- demandó la voz del señor Mejía, tratando sin duda de que sus viejos huesos fueran a la misma velocidad que su curiosidad.

Luis seguía sin dejarme ir y justo cuando pensé que el señor Mejía nos atraparía, Luis abrió la puerta de repente y me introdujo en el interior, cerro la puerta de golpe y me puso contra la pared para sacarse la polla erecta de los pantalones, tomarme por los muslos e izarme contra él acomodándome sobre sus caderas, me penetró sin miramientos y yo chillé enloquecida de placer: ¡si, así Luis, así!! ¡¡Cojéme!! Le susurraba en el oído con voz enronquecida de goce y él me complació como nunca lo había hecho; sentía su glande batallar sin piedad dentro de mi causando un placer rayando en el dolor que era a falta de otra palabra exquisito, las paredes de mi sexo se contraían ansiosas por retenerlo y devorarlo, sus huevos chocaban contra mis nalgas, con cada acometida sentía como su glande al salir y luego entrar con fuerza me estimulaba el clítoris llevándome a algo cerca del orgasmo pero sin embargo lejos aun, me moví desesperada marcando el ritmo de la penetración con movimientos circulares de mis caderas para recibir el orgasmo que tanto ansiaba y merecía, no llegó, por algún motivo no podía alcanzar el orgasmo así que Luis, casi desfalleciendo erupcionó dentro de mi mientras yo lo acunaba entre mis senos. Esa noche (o lo que quedaba de ella) hicimos el amor de manera salvaje y violenta, como si durante el tiempo que habíamos estado juntos no nos hubiéramos entregado lo suficiente, pero por más que me concentraba, me dejaba llevar, me relajaba y me enfocaba de nuevo sólo había un pensamiento maldito en mi cabeza: André con la maldita rubia cuyas exultantes curvas hacían parecer las mías como las de una niña en recién desarrollo y ese pensamiento me empujaba a querer más sexo aunque no pudiera obtener completa satisfacción porque haciendo el amor con Luis hasta que las terminaciones nerviosas se me agotaran era una especie de venganza sadomasoquista que aunque no llevaba lado alguno me hacia sentir un inexistente control sobre mi misma.

Él

El juego con Veri me había dejado caliente. Hubiera deseado más pero las reglas las ponía ella. Desde que la había conocido había deseado su piel y su cuerpo. Ese color, esas formas, esa exquisita feminidad que emanaba de ella me hacia desearla con locura. Deseaba apretarla contra mi cuerpo, sentir su fragilidad entre mis brazos, sus gemidos en mi boca.

Y nada, me había dejado caliente y deseándola y ahora estaba con una mujer diametralmente opuesta a ella. Rubia, blanca como la leche y entregada a mí.

Después de verla desaparecer por la puerta con Luis, compañero de trabajo y dichoso novio de aquella mujer, me fui a un rincón con mi nueva amiga.

Ella se sentó en la esquina cuadrada de aquel sillón en ele, y yo, dándole la espalda, entre sus piernas. Sus manos recorrían mi cuerpo mientras mi mente fantaseaba con otra.

Sus uñas comenzaron a jugar con los botones de mi camisa, abriendo dos de ellos y adentrándose a jugar con los vellos de mi pecho.

Una uña en cada uno de mis pezones comenzaron a despertar lo que Veri había dejado dormido. Sus labios en mi cuello me relajaban y excitaban. Tomé un pequeño sorbo de mi trago y metí dos dedos en él, y se los di a chupar a mi rubia compañera.

Sus uñas apretaron fuerte mis pezones, un escalofrío recorrió mi espalda y pude sentir sus pechos contra mi espalda.

Mis manos jugueteaban con sus rodillas y, después de hacerla flexionar una pierna, su delicado pie enfundado en unos zapatos de tacón de lo más sugerentes.

Sus manos bajaron a mi bragueta y abrieron la puerta de mi bálano, erecto por sus caricias y mis pensamientos ausentes. Sus dedos, sus uñas, recorrían lentamente mi miembro mientras al oído me susurraba lo que deseaba de mí. Mi mano seguía acariciando su pie, sus dedos, tobillos, con la intención de que entendiera que le podía dar una noche fabulosa de sexo, aunque el mensaje deseaba que fuera recibido por otra.

Cubiertos por la mesa de las miradas indiscretas me dejé masturbar suavemente. Le pedí que apretara mi pene con sus uñas y cerré los ojos para imaginar las manos mulatas de mi reciente compañera de baile. Pulsaba con mi pene para sentir la fuerza de su mano en mí, y para que ella anticipara lo que deseaba poner entre sus piernas.

Una mano rodeó mi pene, y el lento ir y venir me llevó al filo de la eyaculación, mientras mi mente volaba a la entrepierna caliente que había sentido en mis muslos, a esos labios prohibidos que había besado, gruesos jugosos, como debían ser sus émulos inferiores.

La detuve y me recompuse para salir de la disco y llevarla a mi departamento.

No podía dejar de pensar en Veri, en el maldito suertudo que la podía poseer, y aún así me entregué a llenar de caricias y besos aquel cuerpo claro, delicioso sin duda, pero inane sustituto de esa latina que había huido de mí.

La siguiente vez que vi a Veri fue durante una reunión para ver un partido de fútbol. El marcador, equipos y otros detalles no importan. Ella vestía una enagua plisada, corta, y una blusa sin mangas pero de botones. Yo un pantalón corto y una t-shirt blanca.

Me dediqué a lo que me gusta, cocinar. Adobe carne y comencé a cocinarla junto a algunos vegetales.

Veri me ignoraba, pero nuestras miradas se encontraban constantemente En cierto momento la vi meterse a la casa, mientras los demás nos quedábamos en el patio. Bajé un poco el fuego y me fui tras ella.

 

La encontré frente al refrigerador sirviéndose un poco de agua fría. Me acerqué a ella y me coloqué a sus espaldas hablándole suavemente.

Me siguió la conversación de manera fría, sin siquiera volverse. Mi cuerpo se acercó más, hasta rozar mi pelvis contra su trasero.

Mi mano la tomó de la cadera, y aunque hubo un intento de huída, rápidamente la dejé junto a mí agrazándola de la cadera.

Mi otra mano se dirigió a sus pechos, ella se revolvió nerviosa, pero en vez de tocarla, desvié mi mano hacia su vaso de agua fría. Metí los dedos en él, recordando el juego con la rubia, pero en vez de dárselos a chupar los pasé suavemente por su cuello.

Mi pene ya estaba erguido, y se lo dejaba sentir en plenitud a través de la ropa. Mi boca seguía hablando de cualquier cosa, mientras mis dedos seguían con el juego del agua fría.

Desabroché uno de los botones de su blusa y comencé a dejar caer gotas frías de agua en medio de sus pechos. Sus cuerpo se estremecía haciendo nuestro roce más placentero.

Mi mano en su cadera liberó a su presa, sin haber intento de escape. La metí bajo su enagua y comencé a tocar sus muslos con suavidad. Sólo las yemas de mis dedos tocaban levemente su carne prieta, y comencé a hacerle cosquillas suavemente, aunque en vez de reír sólo la veía respirar con prisa.

Cuando mis dedos rozaron su ropa interior, sintiendo el calor que emanaba de su entrepierna supe que era el momento. Posé mis labios en su cuello y le di un suave beso, antes de alejarme hacia el patio, dejando el próximo movimiento en sus manos.

Ella

¡Maldito cabrón!!! Ahí estaba él de lo más tranquilo, riéndose de las tonterías que decían los otros mientras se afanaba con la parrilla y la rubia esa no se le despegaba ni dos segundos, clavándole las tetas cada vez que tenia chance; si por lo menos él no se acercara a mi todo seria mucho más fácil pero para este hombre en particular parecía tener un cartel en la frente que decía "métemelo que soy toda tuya". Le dije a Luis que no quería ir, que me sentía mal pero insistió e insistió hasta que me vestí para ir a la dichosa parrillada y ahí estaba muriéndome de celos e inconsciente de todo lo que pasaba a mi alrededor salvo de ese hombre, debía de encontrar alguna manera de sacármelo de la cabeza, tal vez si me acostara con él aunque sea una vez se me quitarían estas ganas de que me toque pero si no puedo hacer eso por lo menos haría que él sufriera lo mismo que yo.

El ruido del partido de fútbol en el televisor amenizaba un ambiente en el que todo el mundo iba ligero de ropa y la rubia (que me entere que su nombre era Lily, que lindo ¿no?) no era la excepción, a todo el varón presente en la fiesta se le estaba cayendo la baba mirando esos dos grandes senos sobresalir monumentalmente por la frontera de su top rosado, había un grupo de gente conversando y los demás estaban mirando el partido, yo estaba sentada hablando con Luis de cualquier tontería cuando Norma me pidió permiso para hablar algo con él, no sabía que se traían esos dos pero tampoco me sentía con fuerzas para indagar en ello así que riéndome le dije que sí que se lo llevara, miré hacia donde estaba André y vi que había dejado a la rubia, perdón a Lily, sola atendiendo la parrilla me levanté del asiento y entré en la casa para buscar el baño y me lo encontré en el de invitados lavándose las manos, me recosté en el quicio de la puerta mirándolo mientras él se las terminaba de secar con una toalla.

-¿Cómo vas?- me preguntó- ¿te está gustando la reunión?

-Sí- respondí lacónicamente cerrando la puerta a mis espaldas y poniéndole el seguro, él se quedó de una pieza mirándome a los ojos sin poderse creer que hubiera ido por mi propio pie a buscar lo que ambos sabíamos que queríamos, bajé la tapa del inodoro y me senté sobre el, él se giró hacia mi con ambas manos a su costado sin moverse siquiera.

-Estoy cansada de juegos...- dije suspirando, mirándolo a los ojos- sácatela- le ordené.

No movió ni un músculo así que yo lo halé hacia a mi por la bragueta y cuando lo tuve frente a mi se la bajé de un tirón mirando asombrada como su pene ya erecto saltaba fuera de su confinamiento.

-Veri yo...- comenzó a decir pero lo que sea que fuera que quería articular murió ahogado por un gemido cuando me trague su polla , un ramalazo de excitación me sacudió y la boca se me hizo agua contra la carne caliente que acariciaba con la lengua, cuanto tiempo deseé hacer eso, tenerlo en mi boca, acariciarlo con mis labios y mi lengua y chuparlo hasta obtener ese liquido tibio y de sabor indescriptible que sale de los adentros de un hombre cuando esta excitado y era yo, no ninguna maldita rubia siliconada, la que lo tenia temblando sólo con su pene en mi boca, comencé a succionar mas fuerte mientras le miraba a los ojos y me tocaba por encima de la tela de mis humedecidas bragas.

De pronto él se retiró dejándome hambrienta y me levantó besándome en la boca con pasión, sentí una de calientes manos reptar hasta mis senos y apretarlos contra la tela del sujetador y la otra meterse por entre mis bragas acariciándome con toda la palma, penetrándome luego con un dedo, trataba de gemir bajito no fuera que nos oyeran cuando realmente todo lo que quería era gritar de placer, me bajó las bragas de un tirón dejándolas colgadas de una de mis piernas, estaba al borde de la desesperación porque me penetrara pero unos suaves toques en la puerta nos sacaron a ambos del delicioso trace sexual en el que nos habíamos sumido, esos toquecitos en la puerta fueron como un balde de agua helada para mis sentidos y fue como recordar donde estaba, con quien me encontraba y a quien me debía, al recordar todo esto empujé a André lejos de mí.

-¿Si?- respondí con la voz ronca todavía por el deseo.

-Veri ¿eres tú?- escuche la voz de Luis preguntar- Déjame entrar- me puse pálida en un segundo y comencé a sudar frío mirando a André a mi lado que en esos breves segundos ya se había arreglado la ropa y lucia de lo mas normal como si nada hubiera pasado.

-No...- casi grite- estoy... no puedo.

-Vamos Veri abre la condenada puerta.

-¡No puedo!!!- grite saliendo de mis cabales- estoy... me siento mal, creo que tome demasiado.

-¿Estás bien?- pregunto preocupado, yo me sentía idiota hablando a través de la puerta con André ahí mismo.

-Sí – respondí- todo esta bien, salgo en unos segundos.

-Está bien- lo escuché responder y se hizo un silencio detrás de la puerta que me hizo suspirar aliviada cuando de pronto escuché su voz preguntarme:

-¿Sabes dónde anda André?- volví a sentirme nerviosa de solo imaginar que alguien sospechara que André y yo nos habíamos encerrado en el baño por todo ese tiempo pero con la voz más calmada que pude imitar respondí:

-Creo que está comprando hielo...

Después de eso escuché en el silencio sus pasos alejarse y me deje caer contra la puerta aliviada, André se me acercó y comenzó a besarme el cuello como si nada, yo me lo quité de encima lo mejor que pude y abrí la puerta apresurada con manos temblorosas para poner distancia entre los dos, me alejé por el pasillo pensando en cuanto lo odiaba.

La reunión transcurrió luego como lo hubiera hecho cualquier otra: los hombres con su partido de fútbol y las mujeres hablando de naderías, intenté acoplarme al grupo y seguir la conversación lo más fluidamente que pude y lo lograba de tanto en tanto hasta que mis ojos por designio propio buscaban los de André, los suyos siempre me respondían con complicidad, con pasión o con lujuria pero ahí estaban siempre que los buscaba.

Sobreviví la reunión lo mejor que pude y luego no volví a ninguna más con el grupo, sin importarme que pudieran pensar o decir de mí decidí que ya estaba bueno de estar suspirando por André, debía concentrarme en mi relación con Luis por que a fin de cuentas lo único que interesaba era nuestra boda, nada más; Luis bien no iba a las reuniones o bien iba sin mí, le solté el hilo para que hiciera lo que quisiera conciente de que él y Norma algo se traían pero es que andaba tan trastornada por lo de mi lío con André que no pensé en nada excepto en eso, me sentía como en una cornisa a punto de saltar y estrellarme contra el pavimento, mirando hacia atrás para observar todo lo que dejaba que se me escurriera entre los dedos y asustada por que después del salto no sabría que vendría salvo el vacío y es por esa horrible sensación por la que traté de sentar cabeza y recordar que mi relación era con Luis no con ningún otro.

La próxima vez que Luis me invitó a salir no pensé en más nada y le dije que sí, me vestí para él con un vestidito corto, rojo, ultra pegado que tenia que llevar sin ropa interior, el escote en la espalda no me permitía llevar sujetador y la tela de satén tan pegada a las caderas y el trasero hacían que se marcara hasta el mas ínfimo tanga que quisiera ponerme, cuando Luis me vio no necesito abrir la boca para expresarme lo deseable que aun me encontraba, me lo demostró con sus labios y sus manos que parecieron estar por doquier en mi cuerpo, cuando descubrió que no llevaba ningún tipo de ropa interior por poco me arranca el vestido ahí mismo, pero lo quería mantener caliente hasta que regresáramos, quería que no mirara ninguna mujer que no fuera yo.

Salimos del apartamento después de prometerle que esta noche le dejaría hacerme lo que le diera la gana, él sonrió travieso y yo reconocí esa sonrisa de niño a punto de comerse el ansiado dulce que por tanto tiempo le ha sido negado: mi culo, Luis estaba que no veía ni entendía por rompérmelo y lo prometido es siempre una deuda. Fuimos al bar que visitábamos siempre, con cada trago que tomaba mas caliente me sentía y con cada salida a la pista más me ponía Luis que con el pretexto del baile me manoseaba por doquier y hasta me rozaba la polla por encima de la tela, "esta noche es la noche" me decía besándome con lujuria, irremediablemente recordé a André y la noche en que casi pierdo la cabeza.

Como ese era el bar que solía frecuentar todo el grupo mientras más tarde se hacia más integrantes llegaban y en cuanto nos veían se sumaban con naturalidad a la mesa, todo el mundo habló de mi vestido diciéndome que estaba para matar, todos menos Norma que se veía un poco fuera de lugar, noté que Luis ni la miraba y ni siquiera habían cruzado palabras en la noche entera, definitivamente algo había entre ellos, pero no quería pensar en ello, preferí ignorarlo porque yo no había sido lo que se dice una santa... eso era obvio.

Bien entrada la noche apareció André con Lily colgada del brazo, saludaron a todo el mundo y se sentaron a la mesa, los saludé a ambos con cordialidad para que no se viera la misma diferencia que con Luis y Norma y después de que los dos tomaron asiento, lentamente y a propósito me levante de la mesa, André no disimuló nada en su apreciación devorándome con los ojos desde el pelo negro suelto, pasando por los erectos pezones erectos contra el escote hasta las caderas y las piernas sobre las cuales se ceñía la tela del vestido como una segunda piel, no sonreí pero lo miré a los ojos por una fracción de segundo antes de pedir excusas para salir del circulo.

-¿Vas al baño?- escuché la voz de la rubia inquirir con su vocecita nasal, me hubiera gustado levantar una ceja y mirarla hacia abajo como una reina miraría a un vulgar lacayo pero la verdad es que es más alta que yo y estaba de pie.

-Sí- le respondí sin entusiasmo cuando vi que no me quedaba de otra.

-Voy contigo- anunció no sin antes plantarle un sonoro beso en la comisura de los labios a su compañero, él me miró mientras ella lo hacia y yo evité su mirada fingiéndome interesada en alguna otra cosa.

Cuando ambas terminamos de usar el baño y mientras nos retocábamos el maquillaje la rubia atacó sin más:

-¿Qué es lo que se traen tú y André?

-No entiendo de que estás hablando yo...

-No intentes hacerte la mosca muerta conmigo ¿Qué son todas esas miraditas que siempre se están dando?- obviamente la rubia no era tan estúpida como yo pensaba pero decidí que en este caso la defensa era el mejor arma.

-Mira Laly- dije errando el nombre a propósito- no sé si tú te has fijado que yo tengo mi novio y que nos vamos a casar- aseveré blandiendo el diamante en frente de sus ojos- me alegro mucho de que estés loca por André pero por favor querida déjame fuera de eso.

- O sea que... ¿no te gusta?- pregunto con gesto desconfiado.

-¡Estas loca mujer!!!- exclame alarmada- hay que ser ciega o estar muerta para que no te guste un hombre como él, claro eso es si tú eres la clase de mujer masoquista que se hace la que no sabe nada cuando él se come con los ojos a otra.

-Bueno...- comenzó dudando- yo solo lo quiero para divertirme porque él es...

-¡Buena idea!!- la corté en el acto, no necesitaba que me pormenizara los ardientes detallitos de su relación con aquel desgraciado- ahora, si me disculpas tengo que regresar con mi novio.

Salí del baño lo más rápido que me permitieron los tacones, si necesitaba otra excusa para alejarme de André ahí la tuve con centellantes letras de neón, a la rubia solo le falto decirme "ese hombre es mío", me sentía furiosa por como mi vida estaba completamente trastornada por esta alocada situación y sin embargo él parecía estar pasándosela en grande jugando con Lily y conmigo como un gato jugaría con dos indefensos ratoncitos antes de darles el zarpazo final, caminando hacia la mesa y mirando la sonrisita del descarado decidí que yo era la encargada de ponerlo en su sitio de una manera o de otra, la rubia en ese momento me llamó diciéndome que la esperara pero yo me hice la que no escuché y en cuanto llegué a la mesa dije en tono suficientemente alto para que todos me oyeran incluyendo a la rubia:

-Vaya André, parece que lo de Lily y tú va en serio...

Dejé las palabras flotando en el aire sólo para ver como la rubia llegaba por detrás de mi y se le abalanzaba encima marcando su territorio, mientras todos miraban a André divertidos, alguien murmuró entre risitas: "¿Cazador cazado?" y a todos nos hizo gracia la broma menos a él que me miraba con un brillo asesino en la mirada, se le notaba tenso e incómodo con los brazos de la rubia como enredaderas alrededor de su cuello, cada vez que me miraba yo le lanzaba mí más acaramelada sonrisita hasta que supongo el decidió que ya estaba bueno.

-¿Me prestas a tu novia?- le pregunto a Luis sin mirarlo si quiera, yo lo miré boquiabierta por la sorpresa mientras él me agarraba de un brazo y halaba de mi para sacarme de mí asiento, lo seguí como autómata hacia la pista de baile y me puse rígida al casi llegar a ella pero el me empujó más fuerte y los dos nos sumergimos en el mar de gente que bailaba según dictara la música.

-¿Qué crees que estás haciendo?- le pregunté al borde de la histeria pero él sólo me lanzó una de sus miradas asesinas y se siguió moviendo contra la multitud, "tan locuaz como siempre" pensé enojada preguntándome que se proponía cuando de pronto me di cuenta que nos encontrábamos en el lindero del otra ala de la pista completamente alejados de nuestros amigos, me sacó de allí sin contemplaciones y no me valió quejarme y retorcerme, me subió por las escaleras hacia la segunda planta a trompicones.

-¿Qué diablos crees que estás haciendo?- lo interpelé al vuelo, por toda respuesta su boca se aplastó contra la mía acallando cualquier necia protesta que mis labios quisieran formular, me besó a conciencia, maltratándome, metiéndome la lengua, exigiendo mi participación hasta que mis deseos se rindieron a sus caricias en un asalto tan sensual como brusco.

Sentí el cuero de los sillones contra la piel de mi espalda y cuando el dejó mi boca tomé aire desesperada para quejarme pero sólo acaricié su pelo mientras sus labios rodaban por mi cuello hasta mis hombros, desnudó la suave piel de alabastro como rindiéndole culto a una estatua de Venus, los tirantes del vestido rodaron hacia abajo y el develó la piel sensible de mis senos que al contacto con el aire se estremecieron, me miró a los ojos antes de apresar un pezón contra sus labios, su lengua me lamió entera y luego sopló aliento cálido ahí donde su saliva había dejado una estela de fuego a su paso.

Él

Bajé lentamente hacia sus piernas y me apoderé de su sexo. Devoré con suavidad sus labios mayores. Halé con mis labios las alitas rosadas de sus labios menores y mi lengua se adentró en su cuerpo.

El canal entre sus labios mayores y menores fue el recreo de mi lengua. De arriba abajo, de abajo arriba, con suavidad, saboreándola, probando el sabor de hembra, de mujer, de aquella que sólo tienes por instantes.

Sus manos en mi cabeza y mi hombros, sus gemidos retumbando en mis oídos, mis manos sobre sus caderas.

Ella

Estaba rendida a él por completo y me daba lo mismo si alguien nos veía, si Luis se enteraba, si estaba con Norma... no podía pensar, solo sentir, sentir hasta la última de mis células rogar por ese hombre; él se incorporo en el sillón sentándome a horcajadas sobre él sin despegar sus labios de mis senos, uno de sus dedos hurgo gentilmente mi feminidad acariciándola con presteza, un solo dedo que se movió contra mi clítoris llenándome de impaciencia, un solo dedo que apreció mi humedad e incitó el placer en mi entrada, un solo dedo que me penetró con suavidad y me hizo gemir aliviada cuando el orgasmo llegó de forma repentina haciéndome aferrarme a él convulsa.

No podía hacer otra cosa que gemir y sujetarme a sus hombros, solo era conciente de ese cuerpo debajo del mío, de sus labios que me besaban, de sus dedos tocándome con paciencia y maestría de ese olor tan de él que me drogaba y me intoxicaba, me aturdía y me envenenaba, me hipnotizaba y me hechizaba, estaba ahí y quería terminar lo que ambos habíamos empezado, sacó su pene del pantalón con lentitud y lo acaricio lentamente frente a mis ojos haciendo que la boca se me llenara de saliva pero lo único que no teníamos era tiempo así que me coloqué sobre su pene y me deje caer sobre él penetrándome por completo, sentí mi carne abrirse como una flor carnívora lo hace antes de devorar su almuerzo, eché la cabeza hacia atrás suspirando extasiada, él me apretó contra el pero no se movió ni un centímetro permitiéndonos a ambos disfrutar de ese momento delicioso, luego alcé las caderas lentamente, disfrutando de su extensión y me deje caer de nuevo metiéndomelo hasta el tope, mantuve ese ritmo lento, tortuosamente exquisito hasta que André me tumbó en el sillón sin salirse de mi y ahora fue él quien marcó el ritmo de una penetración intensa, gemía sin parar llena de pasión y lujuria, la boca de André en mis senos y el roce de su pene contra mi clítoris era más de lo que podía resistir y alcancé el orgasmo sollozando su nombre, el me siguió instantes después, arremetiendo con más furia y llenándome de su esperma.

Nos quedamos unos segundos uno junto al otro, absorbiendo por la piel las sensaciones, diciéndonos con las yemas de los dedos lo que ninguno de los dos se atrevía a decir, la música continuaba imparable retumbando en cada esquina del club y recordar en donde nos encontrábamos nos hizo incorporarnos de un salto y acomodarnos la ropa, evitábamos mirarnos, nuestros dedos eran torpes para borrar aquello que en un acceso de locura había sucedido y ahora que ya todo había pasado y que sus dedos no estaban causando estragos en cada esquina de mi cuerpo, me di cuenta de que tan lejos había ido y lo estúpida que fui, todo el mundo sabría que habíamos estado haciendo, no había forma de ocultar aquello que estaba tan a la vista y no tenia ninguna excusa para haber sido tan irresponsable.

Estábamos sentados en el sillón, sumidos en nuestros pensamientos como los niños cuando saben que han cometido una falta y de que de esa no los salvara nadie, sentí sus dedos acariciarme el pelo y lo vi levantarse del sillón.

-Lo hecho, hecho está - me dijo. Claro, que fácil era para él decirlo pero no tenia fuerzas para replicar o para intentar pelear con él, André no era el único culpable yo también habría muerto por estar con él.

Salimos de las penumbras donde nos encontrábamos, algunas personas a nuestro paso nos sonrían picaras sin duda adivinando, si no fue que vieron de primera mano, todo cuanto había sucedido cuando íbamos a bajar las escaleras una pareja llamó mi atención ¡eran Norma y Luis!!! No estaban haciendo nada más que discutir, una discusión bastante apasionada por su lenguaje corporal ¿pero por qué ahí donde nadie los viera? No desperdicie un solo pensamiento más en ello y cuando André y yo terminamos de bajar hacia el primer piso, me fui directo a los baños para intentar arreglar parte del desorden que estaba hecha, al volver a la mesa Luis, Norma y el resto del grupo estaban sentados, nadie menciono nada de la desaparición de André y yo, pasamos todos la noche con las caras largas intentando simular una alegría que nadie sentía, los otros del grupo porque adivinaban que sucedía pero no se podían enterar a ciencia cierta, Luis y Norma, André y yo porque en realidad ninguno estaba con la persona con la cual deseaba estar.

Cuando llegó la hora de partir quise evitar los ojos de André, no mirarlo nunca y hacer de cuenta que lo sucedido en verdad nunca pasó pero no pude, mis ojos se iban a los de él irremediablemente, apegados a los suyos como el metal rinde su voluntad a la fuerza de atracción del magneto. El debió leer en mis ojos ansiedad y deseo, todas aquellas cosas que no le dije y que tal vez no le diría nunca, yo en los de él vi la promesa implícita de una segunda cita por que era de ley que un día volviera a ser suya.